Libro de horas de Carlos V

Introducción

Otro de los libros de horas más famoso en España es el del emperador Carlos I de España y V de Alemania.

Normalmente los libros de horas eran encargados por los que serían los dueños una vez terminados, pero en este caso, Carlos V recibe el libro como donación de una persona anónima. Ya en la segunda página de guarda, se indica que el dueño es el emperador Carlos V:

Hic Liber fuit MagniImperatoris CAROLI Quinti

Libro de horas de Carlos V - Página 2

Libro de horas de Carlos V – Página 2

Origen

No está confirmado pero se cree que el origen del pergamino está en el siglo XVI, en los talleres parísinos de Jean Poyer, artista miniaturista francés que en el siglo XV había trabajado para reyes franceses como Luis XI, Carlos VIII o Luis XII. A principios del siglo XVI había realizado otro libro de horas, el de Enrique VIII de la casa de los Tudor, del que probablemente hablaremos más adelante en otro post.

Se desconoce como desde la creación del libro llegó hasta Carlos V.

Características y contenido

Como casi todos los manuscritos medievales, está escrito sobre papel vitela, es decir, usando piel de ternero o de algún otro animal en su sustitución. Consta de 338 páginas de las cuales la mayoría están manuscritas e iluminadas.

Está escrito en francés con un tipo de letra bastarda.

Calendario

Se representan los eventos más importantes, con una página por cada mes, ilustrada en la parte superior por una miniatura que ocupa aproximadamente un tercio de la página. En cada miniatura además de la escena representada, se muestra el signo del zodiaco perteneciente al mes.

En este calendario se representa la vida de dos hermanos, desde que nacen en Enero hasta que mueren en Diciembre. Un hermano es el bueno, el que cuida de los enfermos, el que estudia, el que ayuda a los pobres, etc. y cuando muere, asciende al cielo; mientras que el otro hermano es el malo, en lugar de estudiar se dedica al juego de azar, anda con mujeres, intenta asesinar a su hermano, etc. y cuando muere, va al infierno.

Miniaturas historiadas

Contiene más de 700 coloridas miniaturas, posiblemente de diferentes artistas del mismo taller. Algunas de las miniaturas reciben más atención y ocupan dos páginas como por ejemplo:

  • Heraclio entrando con la Vera Cruz en Jerusalén. Un hecho que tuvo lugar el año 630, cuando el emperador bizantino Heraclio consiguió recuperar la Vera Cruz de manos de los persas y la devolvió a su lugar original, Jerusalén.
Heraclio entrando con la Vera Cruz en Jerusalén (página izquierda)

Heraclio entrando con la Vera Cruz en Jerusalén (página izquierda)

Heraclio entrando con la Vera Cruz en Jerusalén (página derecha)

Heraclio entrando con la Vera Cruz en Jerusalén (página derecha)

 

  • David vence a Goliat. Representa la leyenda bíblica relatada en el libro de Samuel en el Viejo Testamento en el que David vence al gigante filisteo Goliat. Se ve en la escena a David que ya ha decapitado a Goliat con la espada de este y cómo lo lleva a Jerusalén.
David vence a Goliat (página izquierda)

David vence a Goliat (página izquierda)

David vence a Goliat (página derecha)

David vence a Goliat (página derecha)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  • Encuentro entre los tres vivos y los tres muertos. Escena en la que tres hombres sanos montados a caballo se encuentran con tres muertos, tres esqueletos, ante la atenta mirada de un anciano. Esta escena se encuentra muy bien descrita en un estudio realizado por Herbert González Zymla de la Universidad Complutense de Madrid.

 

Tres vivos y tres muertos (página izquierda)

Tres vivos y tres muertos (página izquierda)

Tres vivos y tres muertos (página derecha)

Tres vivos y tres muertos (página derecha)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otros textos que se encuentran en el libro relatan historias tanto del Viejo como el Nuevo Testamento, libros de santos, Hechos de los Apóstoles, el Credo, etc.

Localización y digitalización

Carlos V fallece en 1558 y el libro pasa a manos de su hijo Felipe II y posteriormente a las de su nieto Felipe III que todo parece indicar que se lo regaló al cardenal Francisco I de Joyeuse, arzobispo de Ruán y Toulouse, en 1614 cuando éste viajó a Montserrat. En la página 2 del libro, debajo de la inscripción de pertenencia a Carlos V, aparece otra más larga donde se legitima al cardenal francés como dueño del libro.

Se pierde la pista hasta el año 1801 en que muere el cardenal Zelada que era un gran coleccionista de libros y cuya biblioteca particular se divide y los libros impresos acaban en la Biblioteca Vaticana mientras que los manuscritos como este libro de horas van a parar a la biblioteca de la Catedral de Toledo.

En 1869, la biblioteca de la Catedral de Toledo dona el manuscrito a la Biblioteca Nacional donde se encuentra ahora, incluso digitalizado, lo tienes disponible en este enlace, merece la pena echarle un vistazo. Es un lujo que (gracias a la BNE) tengamos a disposición de un clic, documentos tan importantes y bonitos como este libro de horas.

 

Logo Bbiblioteca Nacional de España

Ver en la Biblioteca Nacional de España (Biblioteca digital)

Las muy ricas horas del Duque de Berry

Tras leer el post anterior en el cual vimos qué es un libro de horas, pensé que sería útil completarlo con información sobre algún caso concreto. Uno de los ejemplos de libros de horas que siempre se citan es el de “Las muy ricas horas del Duque de Berry“, así que es el ejemplo que he elegido para este post.

Contexto histórico

El libro fue encargado por Juan I de Berry, al taller de los hermanos Limbourg. Estos se encargaron de la realización del manuscrito entre los años 1411 y 1416.

Juan I de Berry, Juan de Francia o Juan de Valois (a partir de ahora, Juan) era, como su nombre bien indica, el primer duque de Berry, un ducado situado en pleno corazón de Francia y que fue creado como tal en 1360 para que fuera administrado por él.

Nació en el año 1340, Francia se encontraba en los primeros años de la guerra contra Inglaterra que luego se conocería como la Guerra de los 100 años (1337 – 1453). Esta guerra fue iniciada (en el bando francés) por el regente Felipe VI de Valois, primer rey de la dinastia de los Valois y abuelo de Juan que reinó desde 1328 hasta su muerte en 1350. El reinado de Francia pasaría posteriormente por su padre Juan II de Francia “El bueno” (1350 – 1364), su hermano Carlos V de Francia “El Sabio” (1364 – 1380) y su sobrino Carlos VI de Francia (1380 – 1422) que era el que reinaba cuando Juan encargó su libro de horas alrededor del año 1410 y que a duras penas podía frenar a los ingleses en la guerra.

Lo encargó al taller de los hermanos Limbourg, tres hermanos neerlandese (Paul, Jean y Herma) originarios de la ciudad de Nimega que trabajaban ilustrando manuscritos para el hermano de Juan: Felipe II de Borgoña “El Audaz”, pero que tras la muerte de este, se pusieron a las órdenes de Juan, destacando otros dos libros de horas a su mando (“Las pequeñas horas de Jean de Berry” que se conserva en la Biblioteca nacional de Francia y “Las bellas horas de Juan de Berry” que se encuentra en el museo The Meteropolitan Museum of Art de Nueva York).

Manuscrito

Volviendo al manuscrito en sí, actualmente se conserva en el Musée Condé que tiene como sede el Palacio de Chantilly en el norte de Francia y que contiene otras obras como por ejemplo el grabado “San Jerónimo en su gabinete” de Durero, la pintura renacentista “Madonna del velo” de Rafael u otros libros de horas como el de Jean Fouquet.

El libro se compone de alrededor de 200 páginas de las cuales la mitad son ilustraciones a página completa; el texto está escrito en latín como la mayoría de los libros de horas medievales. Curiosamentela obra no fue terminad ya que tanto Juan I de Berry como los tres hermanos ilustradores murieron en el año 1416. Posteriormente fue el ilustrador Jean Colombe quien a las órdenes de Carlos I de Valois terminó el manuscrito (entre 1485 y 1490).

Contenido

En cuanto al contenido, como ya se comentó, comienza con calendario con las labores agrícolas y eventos más importantes que tenían lugar en cada mes. En este caso, este calendario de gran belleza artística, es la parte que más destaca y por la que es conocido este libro de horas.

A cada mes se le dedican dos páginas del manuscrito, una primera con la lista de los días que contiene el mes que incluye el santoral de cada día y otra página con una ilustración a página completa. Esta quizás es una de las características propias de este magnífico libro de horas, ya que la mayoría incluían una única página por mes, incrustando pequeñas miniaturas junto al “texto” del mes, pero en este caso se dedican dos páginas completas por mes.

Podemos apreciar campesinos talando árboles para hacer leña en el duro invierno (Febrero), arando la tierra (Marzo), esquilando ovejas (Julio), refrescándose en el río (Agosto), cazando jabalíes (Diciembre).

Después del calendario podemos encontrar una bonita ilustración que representa los signos del zodiaco sobre dos figuras humanas desnudas (hombre y mujer) que recuerda al hombre de Vitruvio de Da Vinci, extractos de los evangelios, rezos, salmos o el oficio de los muertos entre los cuales se mezclan ilustraciones de escenas religiosas como el pentecostés, la victoria de David sobre los jebuseos, la penitencia del mismo David, el ahorcamiento de Judas, el calvario, o la crucifixión.

 

La última miniatura representa el martirio de San Andrés, hermano de Pedro Simón y su posterior crucifixión en una cruz con forma de X con la que se suele representar desde la Edad Media.

Podéis aprender mucho más sobre este maravilloso libro de horas visitando la web de Christus Rex o la de The Public Domain Review que es de donde he obtenido las imágenes de este post. Me hubiera gustado encontrar algún libro donde contemplar Las muy ricas horas del Duque de Berry pero no lo he encontrado, desgraciadamente parece no haber una edición reciente asequible para el público general.

¿Qué es un libro de horas?

Introducción

Uno de los tipos de manuscritos más populares en los siglos XIV y XV eran los “Libros de Horas” (“horarium” en latín). Estos manuscritos medievales tenían la función de recoger las oraciones y salmos que debían los laicos pronunciar en diferentes horas del día (horas litúrgicas), de ahí viene el apellido “de horas” y que por cierto se mantiene en diferentes idiomas (“book of hours” en inglés o “livre d’heures” en francés).

Su esplendor lo alcanzaron en los siglos XIV y XV, encontramos ejemplos de ellos en España, Francia, Inglaterra o Italia, paises protagonistas de la europa medieval cristiana.

Extracto del Libro de Horas de Isabel la Católica

Extracto del Libro de Horas de Isabel la Católica

Unicidad

Como manuscritos que son, son únicos, no existen dos iguales en todo el mundo, pero además de esa unicidad implícita por ser manuscrito, también lo eran de forma explícita, ya que era buscada por sus autores que los creaban con un destinatario en mente normalmente por encargo, no eran libros que estuvieran disponibles al público ni mucho menos.

Por supuesto que al ser un trabajo manual, delicado y sólo ser posible por unos pocos en la Edad Media, el destinatario era siempre alguien de gran importancia (reyes, duques, emperadores, etc.).

Cuando se pasaba el libro de un destinatario a otro diferente (por ejemplo al morir el primero), no era extraño que el receptor lo re-decorara con anotaciones para incluir su nombre. Esto ocurrió por ejemplo cuando Enrique Tudor derrotó a Ricardo III y se apoderó de su libro de horas, que fue traspasado como trofeo por Enrique a su madre, Margarita Beaufort y esta anotó un pequeño poema en la hoja de guarda de la parte trasera del libro, lo hizo para demostrar que en ese momento el libro le pertenecía a ella y no al difunto Ricardo III.

Miniaturas y ornamentos

Otra de las características de estos manuscritos es que ilustrados con coloridas miniaturas relativas a la tradición cristiana que eran insertadas entre el texto del manuscrito. Representan los habituales pasajes de la tradición cristiana (Anunciación, Adoración de los Reyes Magos, Crucifixión de Cristo y demás secuencias religiosas).

Además de esas miniaturas, se decoraban abundamente los márgenes con diferentes notas y motivos (florares por ejemplo). Las letras iniciales de los textos también eran resaltadas y decoradas.

Miniatura en el Libro de Horas de Enrique VIII

Miniatura en el Libro de Horas de Enrique VIII

Contenido

Se iniciaban normalmente con un calendario en el que se resaltaban las estaciones, los meses, las festividades litúrgicas, los santos o cualquier otro evento propio de la región.

A continuación viene la parte principal del libro, las oraciones en sí, organizadas por cada hora litúrgica para que el propietario del manúscrito pueda organizarse y recitar las oraciones correspondientes a cada hora. Las oraciones son extraídas de textos como las Horas Marianas, los quince Salmos de Grados, los siete Salmos penitenciales o de confesión, las letanías de los santos, el Oficio de los Muertos, etc.

Exhibiciones digitales

Los libros de horas es un legado histórico de un período tan importante como es la Edad Media. Obviamente, los libros de horas que se conservan tienen un valor incalculable por su carácter histórico pero afortunadamente podemos contemplarlos en diferentes museos o bibliotecas o incluso podemos “tocarlos” digitalmente como por ejemplo los siguientes:

  • Las muy ricas horas del Duque de Berry: Se encuentra en el The Meteropolitan Museum of Art de Nueva York, pero no está digitalizado allí. En cambio, puedes encontrarlo aquí. O mejor, puedes leer más sobre él en el post Las muy ricas horas del Duque de Berry.
  • Libro de horas de Carlos V: Se encuentra en la Biblioteca Nacional de España, puedes acceder a él aquí, o puedes leer más sobre este libro en el post Libro de horas de Carlos V.
  • Libro de Horas de Isabel la Católica. Se encuentra en la Real Biblioteca de Madrid y se puede consultar digitalmente en este enlace.
  • Libro de horas de Enrique VIII. Se encuentra en el The Morgan Library & Museum de Nueva York. Se puede consultar digitalmente en este enlace.
  • Libro de Salmos y de Horas de Lord William Howard . Se encuentra en la British Library del Reino Unido. Se puede consultar digitalmente en este enlace.

Batalla del cabo Finisterre (1805)

Después de la batalla de la Roca del Diamante, el marino francés Pierre Charles Silvestre de Villeneuve permaneció en Martinica unos días más hasta que el 11 de Junio partió hacia Europa, advertido que Horatio Nelson había llegado al Caribe con su gran flota. Regresaba a Francia pero había fracasado en el Caribe, Napoleón le había encomendado atacar posesiones británicas en Centroamérica y salvo la batalla mencionada, poco más intervino.

Casi un mes, el 9 de Julio, llegó a la costa gallega, al cabo de Finisterre. El 22 del mismo mes llega al golfo de Vizcaya donde se encuentra con el vicealmirante de la Royal Navy inglesa Robert Calder. La flota de Villeneuve tenía superioridad numérica frente a la flota inglesa, aún así Calder había salido al paso de Villenueve y le hacía frente.

Admiral Sir Robert Calder's action off Cape Finisterre, 23 July 1805

Admiral Sir Robert Calder’s action off Cape Finisterre, 23 July 1805

La batalla enfrentó, durante la tarde de ese 22 de Julio, a los 29 buques de guerra de Villeneuve (que incluían 20 navíos, 7 fragatas y 2 bergantines) con los sólo 19 de Calder (15 navíos, 2 fragatas y 2 buques menores). Entre las tropas de Villeneuve se encontraba 6 buques españoles, entre ellos el Argonauta del teniente general Federico Gravina.

Al anochecer ante la falta de visibilidad, Calder da por finalizada la batalla ese día con la intención de renaudarla al día siguiente. El resultado de la batalla fue favorable a la flota inglesa que sufrió menos bajas aún estando en inferioridad numérica (del orden de apenas 23 entre muertos y heridos frente a las casi 500 de la flota franco – española, según los partes oficiales).

Pero finalmente tras considerar su posición Calder, teniendo en cuenta la inferioridad numérica y la posibilidad de que Villlenueve tuviera refuerzos, decidió no renaudar la batalla y se dirigió al Norte. Villenueve, timidamente decidió perseguir a Calder pero se demoró bastante debido a los (no) vientos y no pudo acercarse hasta bien entrado el día por lo que pospuso el ataque al día siguiente, 24 de Julio, pero de nuevo llegó la hora del ataque y decidió no atacar, en su lugar giró completamente su rumbo y emprendió marcha hacia el Sur, haciendo caso omiso a las órdenes que recibía de Napoleón, hasta su llegada a Cádiz el 21 de Agosto.

Además de la pérdida de hombres y barcos, el bando franco español afrontó la pérdida de confianza en Villenueve que de nuevo había fracasado y además había desobedecido las órdenes de Napoleón, pero lo peor para él estaba por llegar, faltaba la fatídica batalla de Trafalgar que se produciría en Octubre de ese año 1805.

Por parte de Inglaterra, la victoría podía haber sido física pero no moral pues Calder había huido de la batalla, posteriormente sería juzgado por parte de una corte marcial por esa cobardía (siendo absuelto de la misma, todo ha de decirse).

La tumba de Anfípolis, ¿quién se esconde en ella?

Anfípolis fue una ciudad originalmente griega que el Reino de Macedonia conquistó en el año 357 a.C. por parte de Filipo II, padre de Alejandro Magno. A pesar de no haberla incorporado rápidamente al reino sí que fue adquiriendo importancia dentro de Macedonia debido a las minas de oro y plata que se encontraban en el cercano monte Pangeo y que posiblemente fueron la motivación de la conquista por parte de Filipo II.

Vista aérea del yacimiento de la Tumba de Anfípolis

Vista aérea del yacimiento de la Tumba de Anfípolis

 

Actualmente la zona donde se encontraba la ciudad pertenece a Grecia y se situa al norte del pais. En 2012 se descubrió una gran tumba pero no fue hasta 2014 cuando un equipo griego dirigido por la arquéologa Katerina Peristeri entró en ella.  En la cima del túmulo encontraron restos de mármol utilizado en el León de Anfípolis, escultura encontrada a dos kilómetros de distancia en 1912 con lo que los expertos suponen que la escultura originalmente se encontraba señalando la tumba de Anfípolis y que a mediados del siglo XX, Oscar Brooner relacionó con Laomedonte de Mitilene, general de Alejandro Magno.

Los expertos han localizado un monógrama tallado en la piedra que podría pertenecer a Hefestión, ministro y segundo en el mando de Alejandro Magno, que falleció en el año 324 a.C., las fechas coinciden con la datación de los restos que ha hecho Peristeri (325 a.C. – 300 a.C.)

Monograma de Hefestión

Monograma de Hefestión

Otros restos importantes encontrados son dos excepcionales cariátides de unos 3,5 metros de altura y dos esfinges de marmol de casi 2 metros de altura colocadas en la parte superior de la entrada principal de la tumba. También se ha descubierto un fresco con restos de pintura aún visible y un mosaico representando el rapto de Perséfone por Hades.

Esfinges de la Tumba de Anfípolis

Esfinges de la Tumba de Anfípolis

Cariátide de la Tumba de Anfípolis

Cariátide de la Tumba de Anfípolis

Todo ello se encuentra en la colina de Kasta cuyos 500 metros de circunferencia es rodeada por un muro de mármol de 3 metros de altura.

Por las dimensiones de la tumba y por no haber sido saqueada previamente al encontrarse enterrada los expertos consideran que en su interior puede haber restos que nos revelen datos importantes de la historia. Posiblemente no sea la tumba de Alejandro Magno, pero podría ser la de alguien muy cercano al gran estratega macedonio.

Para más información, recomiendo ir a la web The Amphipolis Tomb que contiene todos los datos y noticias sobre el avance de las investigaciones. Las fotos de este post han sido tomadas de esa web, excepto la que ha sido tomada gracias a Google Maps.

 

Batalla de la Roca del Diamante (1805)

Tras la batalla del cabo de Santa María de 1804 que vimos en el anterior post, en Diciembre del mismo año España declara oficialmente la guerra a Inglaterra, aliándose así a la Francia de Napoleón que pretendía invadir Gran Bretaña.

La siguiente batalla entre el bando aliado e Inglaterra se produciría entre el 31 de Mayo y el 2 de Junio de 1805. Esta vez no tendría lugar en Europa sino que lo haría en el mar Caribe, y más concretamente en el islote Roca del Diamante, situado a 3 kilómetros de la isla de Martinica.

Conviene recordar que a principios del año anterior de la batalla, en el 1804, el islote había sido tomado por el bando inglés. Un grupo de hombres comandados por el entonces comandante James Wilkes Maurice había desembarcado en el islote y fortificado el mismo con cañones izados mediante un cable.

La decisión de tomar el islote vino por parte de Sir Samuel Hood, que había ayudado a Nelson a derrotar a los franceses en la batalla del Nilo en 1798 y se encontraba combatiendo en el caribe. Hood convino que el islote era un punto estratégico y que le permitiría bloquear el acceso de los barcos franceses a las islas de Martinica y Guadalupe.

El islote era considerado por los ingleses como un barco enemigo capturado más, recibía el nombre de Fort Diamond y a su cargo estaba Maurice recién ascendido a capitán.

La primera reacción francesa fue de mantenerse a la espera. Desde la isla de Martinica eran capaces de vigilar el islote; ambos combatientes se mantuvieron a la espera, a los ingleses no les interesaba la isla, simplemente querían bloquear el paso de los barcos franco-españoles que debían pasar cerca del islote para llegar a las islas del caribe.

Tras un leve intento de asaltar el islote, la verdadera batalla estaba por llegar. Una flota Pierre Charles Silvestre de Villeneuve había llegado a la bahía Fort-de-France en Martinica con el objetivo de entrar en batalla con Inglaterra.

Captura de la Roca del Diamante. Pintura de Auguste Mayer

Captura de la Roca del Diamante. Pintura de Auguste Mayer

Tras algunas indecisiones por parte de Villeneuve, se decidió finalmente a atacar a Inglaterra. Quizá fue un poco precipitado ya que simplemente bloqueando el islote podría haberlo hecho rendir por la falta de agua y suministros que se disponía en el mismo. Puso al frente del asalto al capitán Julien Marie Cosmao-Kerjulien que contaba con 2 navíos de linea, 11 cañoneras, 1 corbeta, 1 goleta y casi 400 soldados para enfrentarse al centenar de hombres que defendían el islote. Entre esos barcos y soldados, estaba la ayuda del general español Federico Gravina.

El 31 de Mayo, Cosmao-Kerjulien ordenó que fueran cuatro cañoneras españolas las que primero se acercaran y desembarcaran en el islote mientras eran protegidas a distancia por los cañones del resto de la flota. Aún perdiendo bastantes hombres en relación a las fuerzas de cada bando, el 2 de Junio los aliados sitiaron en la parte superior de la roca a los ingleses, que tras las habituales negociaciones (que duraron 3 días), tuvieron que rendir el islote y devolverlo a manos aliadas.

Los ingleses fueron apresados y entregados al asentamiento británico de Carlisle Bay, en la isla de Barbados. Allí se juzgó al capitán Maurice por su derrota pero salió absuelto al considerar el jurado que hizo cuanto pudo por Inglaterra y que sólo se rindió cuando la victoria era imposible.

Por su parte, Villeneuve y Gravina volvieron a Europa y continuaron luchando hasta la batalla de Trafalgar donde cada uno a pesar de luchar en el mismo bando alcanzó diferentes honores, mientras el francés perdería la confianza de Napoleón, el español fue ascendido a capitán.

Batalla del cabo de Santa María (1804)

Octubre de 1804.

Sartorius, Four Frigates, Treasure ships BHC0535

Sartorius, Four Frigates, Treasure ships BHC0535

Junto al amanecer, cuatro fragatas españolas llenas de riquezas están a punto de llegar a la península ibérica procedentes de América. Son la Medea, la Fama, la Mercedes y la Santa Clara; todas ellas con entre 250 y 300 marineros a bordo. Al frente de ellas, el marino cántabro José de Bustamente y Guerra, con más de 30 años de experiencia de “aventuras” marinas.

Se encuentran ya frente a las costas del cabo de Santa María en el sur de Portugal, seguramente saborando la ansiada tierra para descansar del viaje de alrededor de tres meses, pero a su encuentro salen otras cuatro fragatas pero en este caso de nacionalidad inglesa. Eran la Indefatigable, la Lively, la Medusa y la Amphion, comandadas por Graham Moore, vicealmirante de la marina británica y también curtido en unas cuantas batallas navales.

Eran tiempos de paz, o al menos no tiempos de guerra. Habían pasado más de dos años desde Marzo de 1802 cuando Gran Breataña y España (junto a Francia) firmaron la Paz de Amiens en la que se repartieron islas y colonias entre los diferentes bandos, España por su parte recuperó la isla de Menorca que la había perdido en el Tratado de Utrecht en el año 1713. Esa era la teoría, pero en la práctica, la Paz de Amiens no había convencido a ningún bando y la enemistad entre Gran Bretaña, Francia y España seguía.

Los barcos ingleses se emparejaron uno a uno con los españoles. Los ingleses buscaban el nada desdeñable botín, así que Graham Moore ofreció a Bustamante la rendición pero éste rechazó esa posibilidad. Enseguida los ingleses abrieron fuego y rápidamente hundieron a la Mercedes, murió casi toda la tripulación en ese hundimiento.  La Fama intentó huir pero enseguida la detuvieron, y junto a la Santa Clara y la Medea la llevaron a Gosport, en el sur de Inglaterra.

La victoria como era de esperar, atendiendo a la predisposición de cada bando, había sido inglesa. Habían conseguido el botín de tres de los cuatro navíos españoles, pero a cambió se granjearon una mala fama al haberlo hecho a traición sin haber declarado la guerra previamente. La cuarta nave, la Mercedes, sigue hoy día en le mismo sitio en que la dejaron hace más de 200 años, ahora convertida en forma de pecio.

La así denominada batalla de Santa María había terminado. Pero España no perdonó la traición y se volvió a aliar con Francia contra los ingleses en las Guerras Napoleónicas.

Historia de la España islámica, de W. Montgomery Watt

Portada del libro Historia de la España Islámica, de W. Montgomery Watt

Historia de la España Islámica, de W. Montgomery Watt

 

Para aquellos que gusten de la Historia islámica en España, hago una pequeña reseña con mi opinión del libro de W. Montgomery Watt “Historia de la España islámica”, de la editorial Alianza Editorial, edición en castellano de bolsillo del año 2008, con ISBN 978-84-206-3929-1 con una extensión de 208 páginas incluyendo introducción, notas del autor y bibliografía.

El contenido del libro trata la historia del imperio islámico en España, desde su conquista en el siglo VIII hasta la pérdida de la misma a finales del siglo XV. Está dividido en once capítulos que se pueden agrupar de una forma lógica en cinco bloques:

  • Conquista de la península (capítulo 1).
  • Dominio de los Omeya con al-Andalus pasando de ser una provincia del califato hasta un califato en sí (capítulos 2 a 5).
  • El fin del dominio árabe y la ascensión de los bereberes almorávides y almohades (capítulos 6 a 8).
  • El fin de la España islámica (capítulo 9 y 10).
  • Un capítulo final con la importancia de la España islámica.

El autor hace un repaso por encima a la historia de los musulmanes en España desde el año 711 hasta el 1492, sin entrar en detalles ni aventurar teorías sobre datos que no estén demostrados sino que apoyándose en la bibliografía sigue un hilo central y deja claro siempre qué es cierto y qué entra dentro del campo de la suposición o de la leyenda.

Esa es la intención del autor, no hacer una aportación a la Historia Medieval sino el de resumir esa ventana de tiempo y espacio, y lo consigue perfectamente. El resumen lo hace con toda la objetividad que a un estudio histórico se le debe exigir.

Una de las ideas principales que nombra el autor a lo largo del libro es la integración entre las tres religiones, pasando por diferentes momentos, buenos o malos que da como resultado una fusión enriquecedora entre esas culturas, origen de lo que hoy día es la Península Ibérica.

El libro es bastante ameno, el lenguaje que emplea el autor es sencillo y entendible para el público general no especializado en Historia; como excepción, los capítulos dedicados a los aspectos culturales (literatura, poesía, etc.), que están escritos por otra persona diferente al autor del libro y que están en un lenguaje más farragoso y menos comprensible. También hay que destacar que emplea en los nombres propios una nomenclatura diferente a la que se suele emplear en castellano, dificultando algo la comprensión del texto y que puede crear confusión en el lector.

Como no podía ser de otra forma el orden que sigue para exponer los hechos, es el adecuado, el lector puede seguir fácilmente el hilo de la historia. Cada tema está estructurado en apartados con la longitud e importancia adecuada, es decir no son ni demasiado largos para perder el concepto apartado ni demasiado cortos para dificultar la lectura. Por otro lado, los puntos clave están en apartados diferentes, cosa que ayuda a diferenciarlos y darles la importancia que necesitan.

A destacar la excelente bibliografía que aporta (junto con las notas a final), argumentando qué líneas ha seguido para cada apartado del libro y proporcionando al lector una muy buena colección de obras para ampliar conocimientos sobre el tema si lo necesita; y en caso contrario, da una visión general perfectamente coherente.

Además del texto, los mapas que incluye sin ser demasiados son claros y concisos, ajustándose perfectamente al texto. Se echa en falta algún mapa más en apartados puntuales.

En resumen, un libro sobre un tema muy interesante que merece la pena leer, sobre todo por parte de los neófitos en el tema. Para los más avanzados quizá es más recomendable ampliar con la bibliografía que trae el propio libro ya que el libro se puede quedar corto en profundidad.

 

 

Nota: El libro que he analizado es la edición del 2008 de Alianza Editorial. En 2013 la misma editorial sacó una nueva edición que puede variar ligeramente a lo comentado en este post.

Passio Albani

Aunque no existe una confirmación exacta, el texto Passio Albani, La pasión de San Albano en castellano, se atribuye a la experiencia vivida por Germán de Auxerre, obispo de la ciudad del mismo nombre, Auxerre, en la Galia romana.

Para combatir la herejía del Pelagianismo, Germán de Auxerre (378 – 448) fue enviado a Britania, uno de los principales centros de difusión de la herejía, en el año 429. Es en ese viaje cuando se le atribuye la Passio Albani, experiencia que más tarde, alrededor del 480, sería referenciada por Constancio de Lyon en su obra Vita Germani que versa sobre la vida de Germán de Auxerre.

Germán se encontraba en la basílica donde estaba enterrado Albano y al que se rendía culto, hecho este último que desconocía. Estando allí tuvo una visión. Se le apareció el mismo Albano, fallecido siglos antes, y le contó su historia como mártir por la iglesia cristiana. Albano no era cristiano pero por compasión acogió en su casa a un sacerdote cristiano que era perseguido por las tropas romanas. Se apiadó del cristiano tanto que decidió permitirle huir tras intercambiarse las ropas antes que llegaran los soldados. Cuando llegaron éstos, apresaron a Albano creyendo que era el sacerdote cristiano y lo llevaron ante el gobernador, que descubrió enfurecido que no era el sacerdote que buscaban sino un impostor. En ese momento Albano se declaró cristiano y fue condenado a muerte como había sido el sacerdote cristiano en su momento.

Durante el trayecto al lugar de ejecución, Albano realizó diversos milagros, por ejemplo detuvo la corriente de un río que debían atravesar . Esto hizo que convertirse incluso al verdugo que lo habría de ejecutar.

Antes de ser decapitado, Albano fue martirizado con latigazos, pero eso enfureció más a los soldados, ya que veían que Albano parecía no sufrir dolor alguno. Finalmente fue decapitado por un segundo verdugo (el primer verdugo convertido sería ejecutado a continuación).

 

Ilustración del manuscrito del siglo XIII "The Life of St. Alban" de Matthew Paris

Ilustración del manuscrito del siglo XIII “The Life of St. Alban” de Matthew Paris

 

De esta forma, Albano se convirtió en el primer mártir inglés. Su festividad se celebra el 22 de Junio, el día en que fue ejecutado.

El texto ha llegado hasta nuestros días en seis manuscritos. Estos manuscritos difieren en su contenido ligeramente y fueron identificados a principios del siglo XX por el alemán W. Meyer. Meyer identificó tres versiones, a las que denominó por las iniciales donde se encontraban: T, P y E. Respectivamente, Turín, París y Einsiedeln. De la versión de Einsiedeln existen 3 copias adicionales conservadas en la British Library, en la asociación londinense de Gray’s Inn y en la población francesa de Autun. Desgraciadamente, aún no hay ninguna copia digitalizada. así como tampoco del manuscrito del siglo XIII de Mathew Paris: “The Life of St. Alban” del que está tomada la imagen de este post (pero que es accesible para los estudiantes del Trinity College de Dublin)

Para profundizar en el tema, seguramente mucho más accesible es acudir al lugar del crimen, al pueblo de St Albans en el sureste de Inglaterra y disfrutar de la catedral y abadía y de la romería que tiene lugar cada año alrededor del 22 de Junio.

Transcripción de textos medievales en el móvil

Miniatura medieval

Miniatura medieval

Una de las utilidades hasta ahora poco explotadas en el mundo de las aplicaciones móviles es el de ayudar en las transcripciones de textos antiguos. Unas de las pocas incursiones nos llega desde  agbooth.com y su aplicación Medieval Handwriting.

Esta aplicación nos permite trabajar con fragmentos de 26 manuscritos medievales seleccionados por investigadores de la Universidad de Leeds.

 

 

Por cada uno de ellos, podemos:

  • Leer una breve introducción sobre el manuscrito que nos proporciona la localización actual, la historia, fecha y lugar de procedencia, tamaño, etc.
  • Consultar los principios básicos de transcripción que son necesarios aplicar en cualquier transcripción de este tipo de textos. Por ejemplo alerta, entre otras cosas, de las contracciones usuales, capitalización y  división de palabras, etc.
  • Consultar las formas más usuales para cada letra, de forma que podemos de un simple vistazo, cómo se escribía normalmente cada letra, tanto en minúscula como en mayúscula.
  • Hacer zoom por cada palabra del manuscrito, para poder leerla más cómodamente en cualquier terminal móvil.
  • Transcribir el texto. Es quizás la funcionalidad clave de la aplicación, permite al usuario transcribir el texto del manuscrito para que sea la aplicación quien corrija ese texto y permita al usuario mejorar sus habilidades de transcripción de textos.
  • Leer el texto completo transcrito. Muestra una transcripción en letra de imprenta del texto del manuscrito. Desgraciadamente no es el manuscrito completo, sino la parte seleccionada para la transcripción.
Captura de pantalla de la aplicación con los manuscritos disponibles

Selección de manuscritos

Captura de pantalla de la aplicación mostrando las opciones disponibles por cada manuscrito

Opciones disponibles

Los (fragmentos de) manuscritos incluyen entre otros The Prick of Conscience (poema inglés de la primera mitad del siglo XIV), In Epistolas Canonicas de Beda el Venerable (siglo VII-VIII) o un libro de horas de Utrecht de finales del siglo XV escrito en neerlandés medio.

Desde luego que es una buena oportunidad para acercarse a los manuscritos. Es completamente gratuita y está disponible en las dos plataformas móviles más habituales: Android y Apple. También se puede descargar desde Amazon.

Link a Google Play para descargar la aplicación Link de descarga en App Store Link de descarga en Amazon